El semáforo cambio a verde, y varios autos de diferentes tamaños, modelos y colores pasan sin siquiera fijarse en mí, un pequeño niño que con todo este sol de verano que abruma, siento mucho calor y una abundante sed. Pensando que como podemos vivir en un mundo con tanta injusticia y crueldad, con tanto odio hacia los demás, con tanto rencor y con tan
to crimen; que debemos hacer algo para cambiar nuestro mundo y convertirlo en un lugar mejor.
Mientras espero que la luz cambie, sentado en la vereda caliente, veo en la esquina al raspadillero, un hombre grande, gordo, con ojos pequeños, cabello grasoso y muy sucio, me recuerda a mi padre todas las noches cuando llego a casa. El hombre esta echando hielo picado con jugo de fresa y jugo de mango a un vaso de plástico. De pronto deja una raspadilla a un lado, vende otras, prepara más, pero nadie se lleva esa, ¿Qué le ocurre?, ¿Cómo puede desperdiciarla de esa manera?, la veo ahí, como el sol comienza a derretirla, este maldito sol que me acalora más cada hora que estoy acá, siento que me llama y me dice: tómame, que ya no resisto mas este calor. ¡Ya sé!, tengo una solución a esta situación, para que ya no suframos ninguno de los, correré hacia allá y me la llevare muy rápido sin que el raspadillero se de cuenta, y disfrutare cada momento bebiéndola.
Pero, ¿Qué pasa si el grotesco hombre me atrapa?, ¿Qué pasa si llama a la policía?, no me dejaran trabajar mas aquí. ¡No!, solamente soy un niño de 8 años, se apiadaran de mi. Este es el momento, es ahora o nunca, la luz del semáforo acaba de cambiar a ambar, y no me queda mucho tiempo. Es el momento, me levanto y con pasos ligeros voy acelerando el paso hacia ella, comienzo a correr, siento toda la emoción que me hace olvidar el calor que me proporciona este sol, me siento tan feliz en este momento, pero de pronto mi subconsciente me dice: ¡ALTO! ¿Qué estas haciendo?, Cómo quieres cambiar el mundo, si estas robando, estas colaborando a empeorar el mundo. Me detengo y me siento un poco mejor, un poco calmado porque no cometí ese horrible crimen.
La luz del semáforo cambio a rojo otra vez, los carros se detienen y se van alineando, es el momento de volver a sacar la bolsa de caramelos y empezar con la rutina de siempre, la rutina de todos los días, mientras imagino que ocurrirá cuando la luz vuelva a cambiar a verde.
Diego Solf Carrasco
~ por lampaproducciones en 4 Marzo 2009.
Escrito en Diego
Escribe un comentario